En un grupo familiar necesitaban organizarse para acompañar a un familiar adulto mayor, que requiere asistencia permanente y concurre regularmente a un hogar de día en Bariloche. El cuidado cotidiano, los traslados y los gastos debían distribuirse de una manera que pudiera sostenerse en el tiempo. A través de la mediación, la familia logró definir cómo compartir esas responsabilidades.
Durante los cuatro encuentros, pudieron conversar sobre las necesidades existentes y organizar tanto el acompañamiento cotidiano como los gastos que demanda la atención.
De este modo, resolvieron turnarse semanalmente para brindar asistencia y realizar los traslados al hogar de día.
También establecieron una forma compartida de afrontar el costo de la institución. Para ello, destinarán en primer término ingresos familiares y, si esos recursos no fueran suficientes, cubrirán la diferencia según lo convenido.
La instancia se desarrolló en el Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos (CIMARC) de Bariloche, con la participación de una mediadora y una comediadora. Las partes contaron, además, con asistencia letrada pública y particular.
La intervención comenzó cuando uno de los integrantes de la familia se acercó al Centro de Atención de la Defensa Pública (CADEP) y planteó la necesidad de contar con el aporte alimentario del resto de sus familiares.
El Código Civil y Comercial establece la obligación de brindar alimentos entre determinados parientes, cuando una persona no cuenta con los medios suficientes para afrontar sus necesidades. En este marco, se propuso la mediación como una vía para conversar y encontrar una respuesta conjunta.
El acuerdo permitió transformar una preocupación familiar en compromisos concretos, distribuidos de manera organizada entre todos y sostenidos en el tiempo.
En situaciones como esta, la mediación brinda un espacio de escucha en el que cada persona puede expresar sus necesidades y construir, junto con los demás, soluciones acordes con la realidad familiar.
De esta manera, se preservan los vínculos, se priorizan las necesidades de quien requiere acompañamiento, cuidados y se evita judicializar una situación que pudo resolverse a partir del compromiso familiar.
En mediación, una familia convirtió una preocupación en un compromiso compartido
En un grupo familiar necesitaban organizarse para acompañar a un familiar adulto mayor, que requiere asistencia permanente y concurre regularmente a un hogar de día en Bariloche. El cuidado cotidiano, los traslados y los gastos debían distribuirse de una manera que pudiera sostenerse en el tiempo. A través de la mediación, la familia logró definir cómo compartir esas responsabilidades.
Durante los cuatro encuentros, pudieron conversar sobre las necesidades existentes y organizar tanto el acompañamiento cotidiano como los gastos que demanda la atención.
De este modo, resolvieron turnarse semanalmente para brindar asistencia y realizar los traslados al hogar de día.
También establecieron una forma compartida de afrontar el costo de la institución. Para ello, destinarán en primer término ingresos familiares y, si esos recursos no fueran suficientes, cubrirán la diferencia según lo convenido.
La instancia se desarrolló en el Centro Integral de Métodos Autocompositivos de Resolución de Conflictos (CIMARC) de Bariloche, con la participación de una mediadora y una comediadora. Las partes contaron, además, con asistencia letrada pública y particular.
La intervención comenzó cuando uno de los integrantes de la familia se acercó al Centro de Atención de la Defensa Pública (CADEP) y planteó la necesidad de contar con el aporte alimentario del resto de sus familiares.
El Código Civil y Comercial establece la obligación de brindar alimentos entre determinados parientes, cuando una persona no cuenta con los medios suficientes para afrontar sus necesidades. En este marco, se propuso la mediación como una vía para conversar y encontrar una respuesta conjunta.
El acuerdo permitió transformar una preocupación familiar en compromisos concretos, distribuidos de manera organizada entre todos y sostenidos en el tiempo.
En situaciones como esta, la mediación brinda un espacio de escucha en el que cada persona puede expresar sus necesidades y construir, junto con los demás, soluciones acordes con la realidad familiar.
De esta manera, se preservan los vínculos, se priorizan las necesidades de quien requiere acompañamiento, cuidados y se evita judicializar una situación que pudo resolverse a partir del compromiso familiar.







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